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"El té es mucho más que una bebida, es salud, es bienestar, es un mundo de aromas, texturas, colores y sabores"

La primera referencia escrita sobre té aparece en el siglo III a.c., en China cuando un cirujano lo recomendó para aumentar la concentración. Se cree que a partir de ese momento se extendió su consumo y su cultivo por el sur del país siguiendo el río Yang Tse Kiang. Sin embargo el consumo del té como bebida de placer aparece con la dinastía Tang (618-907), con un éxito tal que, en el siglo VIII, ya aparece el primer tratado sobre el té, escrito por encargo de Lu Yu (733-804), llamado el “Cha Chang”, donde se relatan los orígenes y características de la planta, proceso de elaboración, preparación, propiedades y calidades del té.

Desde China, el té llega a Japón, a principios del siglo IX.  Se cree que las primeras semillas de té las llevó un monje budista llamado Dengyo  Daishi  que tras su regreso de un viaje, las plantó en las tierras de su monasterio. Cinco años más tarde sirvió una infusión de hojas de té al emperador Saga, que apreció tanto la bebida que mandó cultivar el té en cinco provincias cercanas a la capital.

Si bien son los portugueses quienes en 1557 introducen el té en Europa a través  del centro comercial que establecen en la isla de Macao, la primera noticia escrita sobre té en Europa  aparece en el libro titulado "Navigatione et viaggi", publicado en Venecia en 1559 por Giambattista Ramusio. 
Los holandeses, a partir de 1610, empiezan a importar el té desde Japón, primero, y desde China más tarde, distribuyendo las hojas en Holanda, Francia y Alemania.
En Rusia el primer té que llegó por  un regalo de los chinos al zar Alexis en 1618

En Estados Unidos, es conocido el protagonismo del té en el proceso de independencia de Norteamérica cuando en 16 de diciembre de 1773 se produjeron los incidentes denominados "Boston Tea Party",  en los que patriotas americanos, disfrazados de indígenas, arrojaron la carga de té del barco británico Dartmouth, como rebelión por la promulgación por el Parlamento Británico del "Acta del Té" que concedía el derecho exclusivo de su venta en América a la Compañía británica de las Indias, en detrimento de los industriales y comerciantes locales.

En España, la costumbre de tomar té, la introdujo la reina Victoria Eugenia de Battenberg, esposa de Alfonso XII,  en el siglo XIX, aunque los salones de té se popularizaron en el siglo XX, dando lugar a espacios exquisitamente decorados en los hoteles más importantes del Madrid y Barcelona, como El Salón Rosa, La Maison Doreé, o el Café Schilling de la calle Ferran, donde los artistas de principios del siglo XX se reunían para tomar una taza de té.